Ayer pedí a un vecino cubano que me llevará al aeropuerto. El encantado me llevo en el carro de su padre, un Lada. Cuando llegué al aeropuerto, le di una propinita a modo de agradecimiento por el favor prestado. Y cuando parecía que no había pasado nada más… cuando estaba ya dentro del aeropuerto, se me acerco un responsable de la seguridad en el aeropuerto:
- ¿Usted a venido en un carro particular?
- Sí.
- ¿Cuanto a pagado?
- Pagar? Pagar nada, le he dado una propina.
- ¿Y de cuanto ha sido la propina? Es para entender si es propina o no.
- 2 CUC
- Ok. ¿Y usted lo conoce?
- Sí, por supuesto. Es un vecino que se ha prestado a traerme al aeropuerto.
- Ok, muy bien. Está retenido en la salida del aeropuerto. Pero si es así no hay problema. Tiene que entender que por temas de seguridad tenemos que realizar ciertos controles.
- Sí, sí, por supuesto. Yo lo entiendo…
Me quedé más tranquilo cuando le llamé por teléfono.